¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!

Aclaración:

El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.

28 feb. 2011

Acerca del proceso contra Videla y Bignone. El encuentro con una mujer diabólica.

Es necesario que me separe un poco de la línea del relato para dar detalles del acontecimiento ocurrido hace unos pocos días.
Es de público conocimiento – sólo un ignorante no estaría enterado a estas alturas – que continúa la persecución política de los vengativos setentistas. En esta ocasión, decidieron ir a la carga con dos pobres e indefensos ancianos, ya condenados anteriormente por jueces corruptos e hipócritas, en un intento de seguir desacreditando a los héroes de la patria. Me refiero, por supuesto, a los ex presidentes Videla y Bignone y el reciente juicio por robo de bebés. ¡Robo de bebés! ¡Por favor! Hasta cuándo van a seguir las mentiras. 
Quiero aclarar, antes de iniciar mi actual relato, que yo ya hube entrado a la clandestinidad cuando los hechos aquí reseñados tuvieron lugar. Seré conocido, por lo tanto, como Mario Kempes (no es ésta, en realidad, mi nueva identidad), amigable vecino de Bella Vista. Dicho esto, doy comienzo a mi relato:

22 feb. 2011

Carta a mis padres

Cuando hube llegado a Retiro desde Santos Lugares, fui al bar más cercano que tenía y, desde allí, comencé a escribir una carta a mis padres,  explicándoles mi situación. De no hacerlo, no me caben dudas del sufrimiento por el que habrían pasado. Es posible que reclamaran por mi aparición con vida en los medios de comunicación apartados del manejo impune y monopólico del Estado Nacional pero, si bien eso quizás podría beneficiar la causa y desestabilizar al gobierno, no estaba dispuesto a hacerlos sufrir, por más noble que sea la razón.
A continuación transcribiré la carta entera, sabiendo que su valor emotivo es capaz de convencer a cualquier díscolo de su error:

Queridos Mamá y Papá:


Ingreso a la clandestinidad (tercera parte)

A la mañana siguiente, luego de haberme despertado y desayunar, me puse a observar atentamente el rostro de Claudia. Quizás aquel día sería el último en el que su bello rostro iluminara mis mañanas y me diera fuerzas para continuar luchando en este país. Nunca se lo había dicho, quizás por pudor, pero realmente estimaba mucho su silenciosa compañía. Ya nada sería igual. ¡Oh! ¡Si es que estos déspotas montoneros no estuvieran gobernando nuestro suelo no habría razón existente para separarnos! ¡No se dan una idea de cuánto los odio!
Sumido en mis reflexiones, recordando lo que me había comunicado Menotti el día anterior, comencé a hablar:
- Hoy nos vamos de esta casa para no volver nunca más. Tú te quedarás con tus padres en Pilar y te olvidarás que alguna vez me conociste. Quiero que sigas con tu vida, que formes una familia. No voy a desear otra cosa para con vos. No quiero que vivas del pasado. Yo, por otro lado, cortaré los lazos con todo lo que me arraiga a este Mundo tan horrible, injusto y vengativo; y entraré en la clandestinidad a luchar junto a los compañeros del E.C.N.

19 feb. 2011

¿Qué es el E.C.N.?


El Ejército Contrarrevolucionario de la Nación (de ahora en más E.C.N.) es una fuerza paramilitar creada por verdaderos patriotas, defensores de las instituciones de la república, occidentales y cristianos. Se reconoce a sí misma como una fuerza de carácter nacionalista, occidentalista, católica, militarista, antiperonista, conservadora, anticomunista, antisemita, y veladora del orden y la paz para un futuro próspero y agropecuario.
Desde su fundación, en diciembre de 1985, la estructura y formas de participación política del E.C.N. han ido mutando en virtud a los avances y retrocesos de la subversión internacional en los gobiernos de turno. Actualmente, la organización se encuentra en la clandestinidad y sus principales líderes, perseguidos por la justicia vengativa, herética, montonera y ponebombas.

18 feb. 2011

Ingreso a la clandestinidad (segunda parte)

Al cabo de un tiempo volvió mi novia a la casa. El perro, al verme, comenzó a mover la cola con una gran alegría. Ella se acercó para darme un beso y se detuvo al percibir mi turbación.
- ¿Pasó algo mientras yo no estaba, Alexei? – me preguntó.
Comencé a explicarle con lujo de detalles lo que había sucedido poco tiempo antes de que ella hubiera vuelto. La visita de Houseman, la carta de Menotti, todo. A pesar de su habitual optimismo, mi novia, Claudia Casabianca (su nombre, en realidad, no es este; pero decidí llamarla así para evitarle un mayor peligro del que está, ya de por sí, corriendo), se encontraba bastante alterada ante la noticia que le hube dado. Nuestros ojos se encontraron y ella rompió a llorar. Entonces comprendí que me amaba profundamente y su amor era bien correspondido.
- Vayámonos de aquí – sugirió -. Mi familia tiene una quinta en Pilar. Allí podríamos hacer una nueva vida. Rentar esta casa y vivir del alquiler de propiedades. Podemos ser felices, en el country. Tener hijos, muchos hijos. El perro tendría más espacio para correr y jugar, ahora que tiene la patita curada. Sé feliz conmigo. ¿Qué me dices, amor?
- No es una mala idea, Claudia. Y créeme, no hay cosa que me haría más feliz en el Mundo que vivir contigo en un barrio privado en Pilar, lejos de toda la crueldad y la violencia estatal; tener de vecinos a las personas más buenas y respetables del Mundo, o al menos del país; criar a mis hijos para que respeten los valores nacionales como el himno, el poncho y la escarapela; ser, en definitiva, un ciudadano promedio de buena cuna. Sin embargo –continué -, hacer eso implicaría fallarle al colectivo de la organización. Implicaría abandonarla, ser un cobarde. Es por ello que no pue…

17 feb. 2011

Ingreso a la clandestinidad (primera parte)

AVoy a confesarles algo, queridos lectores. Tengo mucho miedo. Un suceso ocurrido hace no mucho tiempo y al cual voy a referirme ahora les dará detalles de los motivos de él:
Me encontraba en mi casa, tomando mate felizmente mientras esperaba que mi novia volviera de pasear a nuestro perro. No sé si lo recuerdan, pero en su momento les dije que ella había encontrado un cachorro al cual le curamos una pata lastimada. Aquel cachorro se recuperó y ahora gozaba de buena salud y un excelente ánimo. ¿Podía ser de otra manera cuando uno cumple su deber hacia los animales con amor y reduce a la nada todos aquellos males que aquejaban a su amada mascota?
En fin, me encontraba tomando mate cuando alguien golpeó la puerta de mi casa con una violencia inusitada. Me levanté del sillón y me dirigí hacia la puerta esperando ver quién era a través del visor. Un joven, que debía contar con unos 22 años, estaba allí.
- ¿Quién es? – pregunté a través de la puerta.
- Me llamo René Houseman – creo que es necesario aclarar que su verdadero nombre no es René Houseman; sin embargo, es imperativo, para preservar su seguridad, llamarlo de este modo -.  Soy un compañero suyo de la organización. Vengo a hablarle de asuntos importantes.
Dudando un poco de la veracidad de aquellas palabras, sospechando y temiendo que fuera una trampa tendida desde la Jefatura de Gabinete, le pregunté qué era exactamente lo que debía decirme para ser tan urgente como para no esperar a la próxima reunión de la organización.

Repercusiones de la muerte de Cristino Nicolaides. El encuentro con un taxista.

Era el 22 de enero del presente año.Con los muchachos de la Organización decidimos hacer un acto a un mes de la condena de nuestros héroes en Córdoba, frente a la Casa Rosada. Todos debíamos llevar nuestras banderas y tener las marchas bien aprendidas. En eso no tuve el más mínimo problema.
Lo que sí me costó un trabajo enorme fue convencer a mi amada novia de no ir a la Plaza de Mayo conmigo y el resto de los militantes. Era inevitable que mi decisión fuera ésa, puesto que temía por su seguridad y eso me podría distraer del sagrado deber que tenía encomendado. Ante el más mínimo intento de insubordinación por parte de ella, di punto final al asunto y ella lo terminó comprendiendo, aunque de mala gana. La amaba por ello, tanto por querer ir como por ceder ante mi orden con obediencia debida.

15 feb. 2011

Repercusiones de la condena a Videla y Menéndez. La decisión de un amigo.

Me fui a tomar unas cervezas con un amigo. De común acuerdo elegimos un bar bien canchero de Recoleta. Mi amigo - cuyo nombre no voy a dar a conocer por miedo a su propia seguridad – será llamado Leopoldo Jacinto Luque, o Luque (para abreviar).  Nos encontramos el 22 de diciembre locos de ira. Otros héroes de la patria habían caído en las garras de una “Justicia” vengativa. ¿Podía ser de alguna otra forma? Una causa de común acuerdo entre las mayores minorías políticas del país para reconocer en los nombres de Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez – y otros tantos con menor peso mediático – a los portadores “del cáncer de la república” no es otra cosa que un diagnóstico errado, fruto de una democracia herética que desconoce la historia del ejército en la madre patria. La rabia sacudía mi espíritu en violentos ademanes y lo único que atinaba a pensar es que “así no vamos a ningún lado”.

14 feb. 2011

Carta Abierta a la Juventud

Jovenes:

No se dejen engañar por la propaganda oficial. Este gobierno no es más que un liberalismo stalinista. A través de los medios de comunicación, apropiados por el aparato del Estado Nacional, nos mienten descaradamente. Se preguntarán el por qué de esta denuncia. He aquí mi exposición de los hechos ocurridos hace tres meses:
Yo me encontraba en mi casa, junto a mi amada novia, que había traído de la calle a un perro con una patita lastimada. Algún descarado e insensible lo arrojó de su casa y aquel pobre animal se encontraba vagando por las calles, buscando abrigo y comida. Nosotros, como toda familia de bien, recibimos a aquella criatura con los brazos abiertos. Le alimentamos y luego acostamos en el sillón junto a nosotros mientras veíamos el noticiero. El perro dormía plácidamente.