¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!

Aclaración:

El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.

15 feb. 2011

Repercusiones de la condena a Videla y Menéndez. La decisión de un amigo.

Me fui a tomar unas cervezas con un amigo. De común acuerdo elegimos un bar bien canchero de Recoleta. Mi amigo - cuyo nombre no voy a dar a conocer por miedo a su propia seguridad – será llamado Leopoldo Jacinto Luque, o Luque (para abreviar).  Nos encontramos el 22 de diciembre locos de ira. Otros héroes de la patria habían caído en las garras de una “Justicia” vengativa. ¿Podía ser de alguna otra forma? Una causa de común acuerdo entre las mayores minorías políticas del país para reconocer en los nombres de Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez – y otros tantos con menor peso mediático – a los portadores “del cáncer de la república” no es otra cosa que un diagnóstico errado, fruto de una democracia herética que desconoce la historia del ejército en la madre patria. La rabia sacudía mi espíritu en violentos ademanes y lo único que atinaba a pensar es que “así no vamos a ningún lado”.
Bueno, ésa es la principal razón de mi encuentro con Luque. Estaba yendo al barcito por las calles de Buenos Aires y no veía en los rostros de la gente más que bronca por los sucesos acaecidos. La impotencia de los hombres y mujeres ante semejante acto de injusticia no debía quedarse en el olvido. Sentí que lo que había sucedido aquella tarde abrió la Caja de Pandora y las cosas no iban a quedar archivadas en la buena memoria de los argentinos. Eso me reconfortó. Por lo menos sabía que no estaba solo.
Bueno, me estoy derivando mucho en los detalles previos a la interesante charla que tuve con Luque, por lo que les pido disculpas a los lectores si los aburro un poco con todo esto, pero sucede que en los pequeños detalles es donde uno encuentra la verdadera sociedad argentina. En fin, ya no los demoraré más. Cuando hube arribado al bar, Luque ya me estaba esperando con una cerveza en la mesa. Comprendo que no me haya esperado para dar la orden, pues el calor era insoportable; y el mozo respondió con obediencia debida, como debe ser.
- Alexei – me dijo Luque cuando me vio llegar. Su rostro no ocultaba su frustración.
- Amigo Luque, veo que has comenzado a beber sin esperarme. ¿Acaso pensabas que me había hecho el desaparecido?
Estallamos en carcajadas. Luque, de tanto reírse comenzó a toser y cuando se hubo reincorporado, continuó:
- ¡Ah! Siempre tú con tus ocurrencias, Alexei. ¡Sabes muy bien que ese chiste no me cansa y, sin embargo, me sigues torturando con él!
Una corriente eléctrica de jolgorio inundó mi alma. ¡Que buen sujeto es Luque! ¡Tiene tan buen sentido del humor! Sin embargo, no tardamos mucho en ponernos serios. Mi querido amigo comenzó a hablar:
- La cosa no puede seguir del mismo modo, Alexei. El número de presos políticos no para de crecer. Comienzo a preocuparme por el destino de todos nosotros. Tú sabes tan bien como yo que estamos corriendo un gran peligro al militar abiertamente por la causa por la que estamos militando – no fue directo al señalar cuál era la causa porque quizás el mozo, que en ese momento se acercó para darme un vaso para la cerveza, podía ser un espía encubierto enviado por Aníbal Fernández.
- Gracias, compañero kirchnerista – le dije al mozo para que no sospechara nada.
- Bueno, la cuestión es que desde este momento, con la escena política haciendo ebullición, temo por mi seguridad y, fundamentalmente, la de mis hijos. Yo no quiero que ellos crezcan en un país donde la justicia se hace ausente y su lugar lo cubren los vengativos organismos de derechos humanos. Por este motivo decidí entrar a la clandestinidad. De ahora en más ya no nos volveremos a ver, amigo mío. Mi objetivo será luchar desde las sombras para vencer a la maldita subversión que ha tomado el poder y, de esa manera, restablecer el orden en mi patria. Tú eres mi mejor amigo, Alexei, por eso es que te digo esto y te pido lo siguiente: dile a todos que he muerto. Que Hebe de Bonafini y su patota me “chuparon” y terminé en la E.S.M.A.; y , luego de intensas sesiones de tortura, me “hicieron la boleta”. ¿Entendiste?
- Fuerte y claro. Lo haré todo con subordinación y valor.
- Eso espero. Ahora vete. No es bueno que nos vean juntos.

Cuando volvía a mi hogar, me di cuenta que Chevrolet Corsa me estaba siguiendo. El miedo se apoderó de mi alma y tuve que desviarme del camino original. Dejé el auto a unas cuantas cuadras de mi casa y huí antes de que se bajara la patota del Corsa. Cuando llegué, agitado, mi novia me recibió con un abrazo.
- ¿Qué te pasó, Alexei?
No comprendí su pregunta hasta que me di cuenta que en mi rostro había lágrimas.