¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!

Aclaración:

El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.

18 feb. 2011

Ingreso a la clandestinidad (segunda parte)

Al cabo de un tiempo volvió mi novia a la casa. El perro, al verme, comenzó a mover la cola con una gran alegría. Ella se acercó para darme un beso y se detuvo al percibir mi turbación.
- ¿Pasó algo mientras yo no estaba, Alexei? – me preguntó.
Comencé a explicarle con lujo de detalles lo que había sucedido poco tiempo antes de que ella hubiera vuelto. La visita de Houseman, la carta de Menotti, todo. A pesar de su habitual optimismo, mi novia, Claudia Casabianca (su nombre, en realidad, no es este; pero decidí llamarla así para evitarle un mayor peligro del que está, ya de por sí, corriendo), se encontraba bastante alterada ante la noticia que le hube dado. Nuestros ojos se encontraron y ella rompió a llorar. Entonces comprendí que me amaba profundamente y su amor era bien correspondido.
- Vayámonos de aquí – sugirió -. Mi familia tiene una quinta en Pilar. Allí podríamos hacer una nueva vida. Rentar esta casa y vivir del alquiler de propiedades. Podemos ser felices, en el country. Tener hijos, muchos hijos. El perro tendría más espacio para correr y jugar, ahora que tiene la patita curada. Sé feliz conmigo. ¿Qué me dices, amor?
- No es una mala idea, Claudia. Y créeme, no hay cosa que me haría más feliz en el Mundo que vivir contigo en un barrio privado en Pilar, lejos de toda la crueldad y la violencia estatal; tener de vecinos a las personas más buenas y respetables del Mundo, o al menos del país; criar a mis hijos para que respeten los valores nacionales como el himno, el poncho y la escarapela; ser, en definitiva, un ciudadano promedio de buena cuna. Sin embargo –continué -, hacer eso implicaría fallarle al colectivo de la organización. Implicaría abandonarla, ser un cobarde. Es por ello que no pue…
- ¡Pero es que no comprendes que, si entras a la clandestinidad, tú y yo no podremos seguir juntos! – me interrumpió – Ni siquiera entrando yo en la clandestinidad contigo podríamos continuar unidos. A ti te llevarían con el  Ejército Contrarrevolucionario de la Nación (de ahora en más será llamado E.C.N.) y yo estaría en una casa de la Liga de Amas de Casa. ¿Acaso es éso lo que deseas?
- Claudia, de cualquier manera yo no permitiría que entres a la clandestinidad. La cosa se podría volver muy peligrosa y tú serías inoperante. Tienes que vivir una vida feliz, despreocupada. Las mujeres deben permanecer en sus casas, cuidando de sus hombres o, en caso de no tenerlos, de sus padres y no haciendo militancia activa. Eso, sabes muy bien, bajo mi punto de vista representa un gravísimo error de la cúpula de la Organización.  Por lo tanto, no me harías peor mal que entrando a la clandestinidad y militando activamente.
-  Lo comprendo – dijo ella entre sollozos -, pero no puedo evitar saber que pronto no volveré a verte y sufrir mucho por esto. ¡Por favor, Alexei, olvídalo todo y huyamos juntos a un lugar donde el Mundo exterior y subversivo no podrá entrar jamás a causar terror! ¡Ven conmigo a Pilar!
- ¡Pero es que no lo comprendes! – le respondí irritado -¡Que acaso no te das cuenta que si no detenemos a estos malvados terroristas ponebombas, ahora que podemos, todo, absolutamente todo lo que amamos en este Mundo desaparecerá! ¡Que no te das cuenta que no habrá barrera que los detenga o vigilancia privada que nos proteja cuando ese día llegue! ¡Yo no quiero vivir como un maricón, huyendo de la batalla cuando mis compañeros me necesitan y caen por las balas de los genocidas apátridas! ¡Tú sabes muy bien lo que le sucedió a Luque en un enfrentamiento con las Madres de Plaza de Mayo! Lo secuestraron y lo llevaron a la E.S.M.A.; allí lo torturaron a bastonazos y, como su espíritu era fuerte y honorable y por ese motivo no pudieron sacarle información, le “hicieron la boleta” y escondieron su cadáver en cal en el sótano de una casa de familia. Esas malvadas salvajes harán lo mismo con todos mis compañeros. Y no todos tienen la entereza ética y moral y el altruísmo de Luque y, seguramente, cederán ante el suplicio. Yo no puedo renegar de la camaradería y dejarlos indefensos ante semejante brutalidad. ¡Yo no soy un maricón!
- ¡No hace falta que seas tan agresivo! – se atajó – Yo sólo quiero que seamos felices.
- Uno no puede ser feliz si tiene miedo.

Es posible que ella finalmente lo comprendiera, o quizás se hubiera subordinado a mi imperativa voz de mando y respondido con obediencia debida. Finalmente pareció calmarse. Luego me pidió, aunque con cierta frialdad, que la llevara hasta Pilar.
-  De acuerdo, mañana mismo iremos hacia allí.

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