¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!

Aclaración:

El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.

17 feb. 2011

Ingreso a la clandestinidad (primera parte)

AVoy a confesarles algo, queridos lectores. Tengo mucho miedo. Un suceso ocurrido hace no mucho tiempo y al cual voy a referirme ahora les dará detalles de los motivos de él:
Me encontraba en mi casa, tomando mate felizmente mientras esperaba que mi novia volviera de pasear a nuestro perro. No sé si lo recuerdan, pero en su momento les dije que ella había encontrado un cachorro al cual le curamos una pata lastimada. Aquel cachorro se recuperó y ahora gozaba de buena salud y un excelente ánimo. ¿Podía ser de otra manera cuando uno cumple su deber hacia los animales con amor y reduce a la nada todos aquellos males que aquejaban a su amada mascota?
En fin, me encontraba tomando mate cuando alguien golpeó la puerta de mi casa con una violencia inusitada. Me levanté del sillón y me dirigí hacia la puerta esperando ver quién era a través del visor. Un joven, que debía contar con unos 22 años, estaba allí.
- ¿Quién es? – pregunté a través de la puerta.
- Me llamo René Houseman – creo que es necesario aclarar que su verdadero nombre no es René Houseman; sin embargo, es imperativo, para preservar su seguridad, llamarlo de este modo -.  Soy un compañero suyo de la organización. Vengo a hablarle de asuntos importantes.
Dudando un poco de la veracidad de aquellas palabras, sospechando y temiendo que fuera una trampa tendida desde la Jefatura de Gabinete, le pregunté qué era exactamente lo que debía decirme para ser tan urgente como para no esperar a la próxima reunión de la organización.
- Escúcheme, Alexei, no puedo explayarme mucho sobre las cosas que quiero decirle porque implicaría poner mi vida en riesgo. Le propongo que me deje entrar para, de esa manera, hablar más seguros.
- No estoy muy seguro de dejarlo entrar – le dije, puesto que parecía no querer darme garantías de su pertenencia a la organización.
- Escúcheme, Alexei. Es un mensaje del señor César Menotti – le di este nombre a quien es líder de la organización para, así, no delatar su verdadera identidad. De esta manera, su existencia en este mundo no sería puesta en peligro a partir de mi relato.
Con eso me bastaba. Saber que aquel joven conocía a nuestro líder me convenció que debía abrirle la puerta de mi casa.

Ya dentro, le pregunté a mi visitante por qué Menotti deseaba darme un mensaje urgente. Fue entonces que desplegó una carta cuyo texto transcribiré en este momento:

Alexie:
Le envío esta carta, ante todo, para felicitarlo por su espíritu militante hacia la causa –causa justa y honorable – que nosotros defendemos. Desearía, de todo corazón se lo digo, que hubiera más militantes como usted en el suelo argentino. Si así lo fuera, no habría motivos para escribir esta carta que le he enviando.  Es menester de mí alertarlo de los peligros que corre usted y su familia.
No sé si se habrá percatado de que en su barrio han circulado últimamente un gran número de Chevrolet Corsa. Todos aquí sabemos – como usted también lo sabe – que eso no puede significar otra cosa que peligro. Vuestras apariciones tan recurrentes en manifestaciones de nuestra causa – no lo dudo ni por un instante – han irritado a las autoridades de este gobierno subversivo y, por esta razón, todos aquí tememos por el futuro que le están preparando a usted.  Es de público conocimiento que este gobierno ha hecho de las suyas con corporaciones más poderosas y nobles que la nuestra; la Iglesia, por dar un ejemplo, se vio continuamente perseguida, esencialmente por la ley de matrimonio entre desviados (mal llamada ley de matrimonio igualitario); El Campo, por dar otro ejemplo, fue  atacado de formas desleales a partir de la 125 y, hoy más que nunca, por el supuesto trabajo esclavo en las grandes estancias de – ¡cuándo no!- opositores al gobierno; el Ejército, que se vio humillado ante un ex presidente subversivo y tuerto que obligó al Jefe de Esta Mayor a retirar de la pared los cuadros de los presidentes Videla y Bignone, dos de los héroes que vio nacer nuestra patria. Si han hecho todo esto, no dude en que usted será como carne de cañón para los ponebombas.
Es por esta razón que yo, y toda la cúpula de la organización, le pedimos que entre a la clandestinidad. Desde allí, usted nos será mucho más útil y cuidará de su propia seguridad y la de sus seres queridos. Se lo repito, hay muchos Chevrolet Corsa por allí y su vida corre verdadero peligro. Créame lo que le voy a decir ahora, si es que no fuera usted un militante de primer nivel, jamás pondría en riesgo la vida de un compañero suyo para salvar la vuestra.
Espero saber su decisión y me despido de usted.

César Luis Menotti.



Luego de leer y releer la carta de Menotti, le agradecí al mensajero Houseman por haberse arriesgado para cumplir su misión. Cuando se hubo marchado, volví a encender la televisión. A pesar de ello, ya no podía concentrarme en lo que estaba viendo.

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