¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!

Aclaración:

El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.

15 may. 2011

El sueño y la mujer subversiva (segunda parte)


Aquel día hube recibido el Informe del P.O.C.A.-E.C.N. sobre la salvación de la mujer subversiva. Este informe, escrito por uno de los grandes pensadores de la Doctrina de la Seguridad Nacional, es una de las piezas angulares del sostén ideológico del P.O.C.A. Me resulta, por tanto, imperativo dar una breve reflexión sobre las consideraciones del Partido para con el sexo débil.
Bien sabemos que existe una rama femenina del Partido conocida como la Liga de Amas de Casa. Ésta misma debe su nombre al rol doméstico que deben desempeñar las mujeres en la cotidianeidad de su vida. Al mismo tiempo que llevan adelante el lavado de platos y el tendido de las camas, las mujeres que componen La Liga están encargadas de llevar a buen puerto las acciones benéficas y sin fines de lucro en las que se emplea parte del capital del Partido. Funciona, en otras palabras, como una especie de órgano caritativo. Desde la cúpula se decidió que debían ser las mujeres de los militantes las que participaran de esta actividad benéfica dado que ellas, al ser individuos emocionales, tienen una mayor capacidad de conmoverse por las desgracias ajenas que seres racionales como nosotros, los hombres. Recuerdo una ocasión, en aquel pasado tan lejano e incorruptible que era la vida fuera de la clandestinidad, que mi amada Claudia Casabianca había traído de la calle a un perro con una patita lastimada. Si bien, la imagen del can me conmovió, no pude evitar sentir cierta distancia y dar muestras de frío interés para con él. Después de todo, era tan solo un animal. Por el contrario, ella se ocupó de curarlo y alimentarlo. Jamás pudo entender mi indiferencia.
En fin, la cuestión fundamental que considero pertinente a la hora de hablar de La Liga de Amas de Casa y su relación con cúpula del Partido es la siguiente: la administración de fondos. Bien coincidimos todos en la natural irracionalidad de las mujeres. En tanto que son seres irracionales, es necesario que deba haber un hombre allí que se ocupe de administrar los fondos que provee el Partido. Esto no sucede. Por lo tanto, la acción caritativa de La Liga se encuentra estancada en la mediocridad y el gasto superlativo de fondos a pocas actividades. Ésta es una de las tantas irresponsabilidades del Partido, las cuales debo acallar en mi fuero interno por obediencia debida.

Como les decía, me encontraba leyendo aquella noche en mi cama cuando el sueño irrumpió con violencia agitando sus espadas. Caí desmayado con las hojas sobre mi cara. Apenas y pude terminar de leer la segunda parte del informe. Comenzaron entonces a volver a proyectarse en mi cabeza los sueños:

Ahora sí llevaba ropa puesta
- ¿Qué sucedió, Alexei? – preguntó con ironía - No esperaste ni un instante para despertar la noche anterior.
- Y no esperaría un instante para despertar esta noche si pudiera, malvada – le respondí con ira -. Eres despreciable.
- ¡No me digas eso! ¿No te das cuenta de que todo esto es una invención extraña de tu mente? ¿No eres consciente de que si yo estoy aquí es porque tú lo has querido así?
 - Ciertamente yo no deseo tu horrible presencia subversiva aquí. Eres todo lo malo que puedo encontrar en la vida: subversiva, atea, demonio, ponebombas, anticlerical, anticorporativa, degenerada, libertina, voluptuosa, enfermiza, maniática, feminista, comunista, IV internacionalista, foquista…
- Olvidaste atractiva… - me interrumpió.
No podía negarlo. Su silueta era perfecta. ¡Oh! Si tan sólo verle visto el rostro. “¡No! ¡No seas imbécil! ¡Eso es lo que ella quiere! ¡Ella quiere dominarte por el lado del placer sexual! ¡Alejarte de la derecha de Dios para recibir el abrazo de Lucifer! ¡No lo permitas, Alexei!”, pensé.            
- Ciertamente eres una mujer atractiva. Sin embargo, tu intento de confundirme será inútil, mujer subversiva. Yo tengo las cosas demasiado claras. Ya te darás cuenta de ello. Si tan sólo pudiera escapar de estas pesadas sábanas, te aseguro que te asesinaría.
- Pero tú has decidido que las sábanas sean pesadas – respondió ella con malicia -. Puedes hacerlas livianas cuando desees.
Eso era verdad, después de todo, este era mi sueño. Era mi pequeño mundo de fantasías. Podía desdoblarlo como quisiera, transformar todo a mi voluntad y arbitrio. Deseé con intensidad que las sábanas desaparecieran. Así ocurrió.
- ¡Soy libre! – me alegre.
- Lo eres. Ahora puedes hacer conmigo lo que desees.
- No quiero otra cosa que hacerte desaparecer.
Y comencé a desear que ella desapareciera. Sin embargo, nada ocurrió. Seguía la mujer, con su bolsa en la cabeza, frente a mí.
- ¿Por qué no has desaparecido?
- Sencillo. Yo ya he desaparecido antes. No puedes hacer desaparecer lo que no está.
La desesperación comenzó a aflorar en mi espíritu. Me di cuenta que corrían por mi rostro lágrimas. ¡Y cuántas! Nada podía hacer para evitar a la mujer subversiva. Su vileza me había confundido. Mi voluntad no era tan grande como para expulsarla de mi mente. Expulsarla para siempre de mis sueños. Su satírica imagen iba creciendo a la par que mi desesperación.
- ¿Qué quieres de mí? – le pregunté, quebrando mi voz.
- No es lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
- ¿Y qué es lo que yo quiero?
- Si es que lo desconoces, no hay nada que yo pueda hacer para ayudarte.
Lo único que quería en ese momento era despertar.
Así ocurrió.

A la mañana siguiente, decidí salir a caminar por la calle Francia. Era domingo y no había mucho que pudiera hacer mientras esperaba la hora de la Misa. Me recosté contra un árbol y observé a la gente pasar. Diviisé, de pronto, a una muchacha muy hermosa. Sostenía, con dificultad, en sus manos un puñado de banderas de una agrupación subversiva –no recuerdo cuál, todas se parecen- . Me acerqué a ella para ayudarla.
- Muchas gracias, compañero – me dio la muchacha -. Decime, ¿cómo te llamás?
¿Creeías que iba a caer en tus planes, sucio bigotudo?
- Mi nombre es Mario Kempes – utilicé mi pseudónimo para no alertar a las fuerzas secretas de Aníbal Fernández, que debían estar rodeando la zona a la espera de que un patriota abriera la boca. De seguro la muchacha debía de trabajar para él, como todos los jóvenes subversivos de hoy en día. Dese la jefatura de gabinete, los envían a destruir la propiedad privada e instaurar un régimen comunista. ¡Oh! ¡Cuánta crueldad es la que tienen los subversivos! ¿Acaso no habrá manera de detenerlos de una vez? Dejé de lado estos pensamientos y, haciendo uso de tuteo, como aquélla lo hubo usado conmigo de una forma imprudente, le pregunté -, ¿y el tuyo?
- Yo soy Agustina – no me dijo su apellido -. Un placer, compañero. ¿Acaso militás en algún lado?
Ciertamente militaba. Me encontraba en la clandestinidad por militar en el E.C.N. Pero no podía decírselo, pues ello implicaría revelar mi confidencialidad y ser víctima de seguimientos y posterior desaparición, tanto de mi persona como de mis compañeros. Por esta razón, decidí mentirle. Después de todo, ya me estaba haciendo un experto en ello:
- No, no me encuentro militando. Sin embargo, me gustaría hacerlo. ¿Me podrías ayudar en ello?
- ¡Cómo no! – se alegró la ilusa - ¡Siempre es positivo encontrar gente con ánimos de militar!
- Entonces lo mejor es ponerse a hablar. ¿Qué te parece si nos tomamos un café?
He aquí mi celular
- No puedo en este momento – se excusó ella -. ¡La tengo complicada ahora! Pero mejor pasame tu celu que te nos mensajeamos, ¿dale?.
"¡Es increíble! ¡Una mujer pidiéndole los datos a un hombre! ¿Dónde era que me encuentro? ¿Acaso en algún reino extraño todavía no descubierto por Gulliver?", pensé.
Le di mi celular y quedamos en continuar en contacto.

Mi alegría es inmensa. No sólo conseguí ponerme en contacto con una mujer subversiva, sino que también tengo la oportunidad de infiltrarme en una organización subversiva. De la nada misma, pareciera que todos mis problemas comenzaron a solucionarse. No pude evitar exhibir mi alegría mientras iba camino a Misa.

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