¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!

Aclaración:

El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.

25 may. 2011

Diario Íntimo de José Luis Martínez Gullota (2)

25/05/73
Querido diario:

Encuéntrome emocionado. Hoy iré a ver la obra de teatro que protagonizará mi hijito Pedro Eugenio. En ella veráse como es que desarrollóse la jornada del 25 de mayo de 1810, con el pueblo a la espera, la tormenta golpeando sobre los sombreros de los vecinos de la vieja Buenos Aires. Allí, dentro del Cabildo, batíanse en reflexiones los héroes de la Jornada, Mariano Moreno y Cornelio Saavedra. Mi hijo ocupará el papel de Cornelio Saavedra, siendo éste uno de los más atractivos de todos. El mismísimo Félix Luna, quien fuera el otrora autor de la obra que interpretaráse, eligiólo como el más indicado para el papel del líder de las milicias. Créase o no, no hay honor más grande para un padre de buena familia que ver a su pequeño vástago revivir el nacimiento de la patria. Si no fuera por la imagen hermética que deben los padres darle a sus hijos, lloraría durante la presentación.

Sin embargo, y tomando distancia de mi persona, cosas terribles ocurren en la República. Sentiríame un completo censor si ignorara, como si nada, que hoy produciráse el ascenso del tiránico Héctor Cámpora, hombre del riñón del Tirano, a la presidencia, junto con el excelentísimo Solano Lima compartiendo su tiránica fórmula.  Alejandro el Grande, otrora héroe de la Revolución Argentina, dejará su cargo como primer ciudadano de la República, en pos de satisfacer las ansias de “vida democrática” en un grupo de sindicalistas violentos y tiránicos y demás grupos revolucionarios. Tomóse esa decisión desde hace alrededor de dos años, cuando Alejandro el Grande asumió la posición de presidente, luego de desplazar al inepto General Levingston.
Cuando creíamos que la tiranía en la Argentina había llegado a su fin, resulta que vuelven los tiranos. ¿Qué clase de Mundo dejarémosles a nuestros hijos? Intentaré soportar la angustia de la jornada y fingiré una sonrisa constate con la directora del colegio. Ella desea felicitarme por la buena aplicación de Pedro Eugenio. ¿Qué más se puede esperar? Cuando uno tiene las ideas claras, como mi pequeño vástago o yo, no hay dudas de los resultados. Sin embargo, esa sonrisa será sólo superficial, pues en mi fuero interno encuéntranse las más violentas tormentas.

Hállome alegre. La obra de teatro fue un éxito. Dentro del anfiteatro del colegio encontrémelo  a mi buen amigo Ricardo Balbín. “¿Cómo perderme la jornada maravillosa de Pedro Eugenio?” díjome, guiñando su ojo izquierdo, el caudillo de blanca boina. Cierto es. ¿Qué otra cosa podría esperar yo del padrino de Pedro Eugenio? De haber sido cualquier otro, esperaría yo sólo agradecimientos por la invitación. Sin embargo, allí estaba Ricardo Balbín, aplaudiendo a Pedro Eugenio, el gran revolucionario. Ni bien hubo terminado la obra, aquél acercóse a mí para saludarme, pues debía ir a ver a Cámpora de inmediato.

Encuéntrome indignado. Luego de la unción del demagógico e inútil Cámpora, hordas de descerebrados cabezas negras marcharon hacia la Cárcel de Devoto. Pedían la liberación de quienes, con justicia, habían sido puestos tras las rejas. El Presidente Cámpora, como primera medida en el cargo y ante semejante acto de barbarie, decidióse por liberar a los presos. ¡Increíble! De esta forma, la Argentina sumiráse en un estado de anarquía y naturaleza hobbesina. Sólo nos queda contentarnos con la guerra civil ante el malvado demonio soviético y el perecimiento de las instituciones que tan bien supieron tutelar las Fuerzas Armadas. De eso, no me quedan dudas.

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