¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!

Aclaración:

El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.

20 dic. 2011

Un nuevo comienzo


Me mudé hace unos meses a Bella Vista tras un largo exilio en el exterior. Mi hogar es ahora una bella quinta que se encuentra sobre la Calle Sourdeaux.  La casa parecía que había sido habitada por hombres y mujeres y luego abandonada a su fortuna y decadencia arquitectónica conforme el paso del tiempo. Parecía que todos hubieran escapado de allí dentro. O quizás no. Quizás se los hubieron llevado quién sabe por qué razones hacia una perdición en la memoria y una muerte segura. Me estoy adelantando un poco al relato, pero sucede que no puedo negar mi ansiedad al escribir estas líneas. Iré directo al grano:
Durante la limpieza de la casa encontré una serie de documentos de un interés especial para mí. Por un lado, una breve reseña sobre la lucha contrarrevolucionaria en la Argentina que posibilitó el surgimiento de una organización conocida como el ECN. Por otro lado, unas cartas de los miembros de dicha organización (me doy cuenta de ello por las firmas). Luego, un informe sobre las mujeres (que no fue transcripto en su totalidad aquí y lo haré yo mismo en los próximos tiempos). Asimismo, dos diarios íntimos. El primero de ellos, de un hombre llamado Gullota. El otro, de un tal  Alexei, quien de seguro hubo sido de los inquilinos de la casa y que la abandonaron repentinamente sin sus pertenencias personales. En este documento se contempla un gran conocimiento y preocupación política sobre la realidad conspirativa y decadente de la actual gestión democrática. Alexei, con gran acierto, declaraba que las instituciones democráticas corrompen y llevan al vicio a las corporaciones nacionales en una degeneración social propia de los cuerpos enfermos. La democracia, según Alexei, era algo que no sólo no servía sino que resultaba en el cáncer ontológico de la patria. La conciliación y el diálogo con la otredad es, por decirlo de alguna forma, la negación de la supremacía del yo y la esclavitud del mismo frente al distinto. Afirmar el diálogo con la otredad, con el desconocido que nos trasciende y no podemos conquistar, explica una tendencia relacional de sadismo y masoquismo que provoca la enfermedad en la conciencia del individuo. Alexei vio claramente hacia dónde se dirige nuestra sociedad enferma y corrompida por la infección derramadora de pus que es la democracia de masas y la ciudadanía ampliada a todos los individuos que nacen en la tierra, a saber: el fin de las tradiciones, de la moral, de todo lo que podemos llamar sacro-santo en esta tierra. La democracia es la decadencia; la igualdad de derechos es el veneno y todo conlleva a la afirmación de la negación de todo lo que es bueno, puro y casto en el hombre. Afirmar la igualdad por sobre la diferencia de castas es envenenar a la naturaleza con una cultura desgarradora. Alexei, sin lugar a dudas, fue un visionario y no puedo menos que sentirme identificado con sus escritos.
Algunos de ellos han sido publicados aquí; muchos otros no. Es mi deber darles forma a las anotaciones encontradas en su diario para tratar de completar el relato inconcluso de su joven vida de militante comprometido con el futuro. Para ello transcribiré puentes dentro de corchetes que den pie a considerar éste como un relato literario de profundidad política para pensar la memoria. Doy pie, entonces, a este nuevo comienzo y espero poder cumplir con la misión que Dios y la patria, al hacerme encontrar los documentos, me han encomendado. Me despido por ahora.

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