¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!

Aclaración:

El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.

13 may. 2011

Informe sobre Salvación de Subversivas (P.O.C.A.-E.C.N.): Introducción

Grupo de mujeres subversivas
Es una verdad clara y distinta que las mujeres son animales ausentes de razón. Ésta es la diferenciación espiritual más influyente a la hora de distinguirla de sus pares masculinos. La mujer, en tanto animal irracional, depende exclusivamente del estímulo emotivo  para poder desarrollar sus habituales actividades. Es por ello que individuos, a los que definiremos como subversivos, se han aprovechado de la emotividad femenina para conseguir un apoyo masivo de una parte de la sociedad, caracterizada como ilusa y maleducada. Este apoyo masivo, resultante de la confraternidad de irracionales –mujeres, obreros, obreros jornaleros, peones de campo y negros del interior- es el que llevó a los subversivos del status quo a la victoria en los comicios presidenciales de 1952. Fue la irracionalidad y el caudillismo el que llevó a mujeres a portar armas en las décadas de 1960 y 1970 -¡qué salvajes han podido convencer a madres e hijas a llevar armas!; y es el mismo de hoy en día.
Los hombres de bien –padres, esposos, hermanos, cualquiera que responda por la irracionalidad de la mujer- debemos conducir a las mujeres al camino hacia el abrazo de Dios. En caso contrario, pagaremos el pecado de la complicidad con la herejía en el Tribunal Celestial. No debemos permitir que un grupo de subversivos, asesinos del status quo, degenerados, voluptuosos, libertinos y ponebombas nos obliguen a pagar esos pecados mientras corrompen y sacian sus deseos con nuestras mujeres.
El grave problema surge, no a la hora de prevenir a las mujeres sino de rescatarlas del yugo mefistofélico de los subversivos. Ellos las engañaron vilmente prometiéndoles falaces reivindicaciones como la igualdad de género. “Igualdad entre los iguales”, señaló Aristóteles en su Política. ¿Puede objetársele algo al filósofo estagirita? Si las mujeres no tienen razón, ¿por qué serían entonces los géneros iguales? Asimismo, los hombres no podemos engendrar. Los sexos son distintos. Ellos –los subversivos-, a partir de su herética y depravada actitud a “a favor de los derechos de las mujer”, no hacen más que burlarse de las decisiones de la naturaleza. Aristóteles lo entendió de esa manera y así lo entendemos nosotros. ¿Pero por qué se esfuerzan por pervertir a la sociedad?
La respuesta es simple y, a la vez, compleja. Ellos deseaban la victoria en los comicios. Por esa razón, le abrieron un camino a la mujer en la esfera pública. Al integrar a las mujeres a la vida fuera de la cocina, la fiesta de 15 y la cama matrimonial, utilizaron todo el peso del aparato estatal en propaganda a favor del gobierno. Las mujeres, ausentes de toda clase de racionalidad, comieron de las heces propagandísticas y, cautivadas por el discurso y los bellos diseños de la publicidad, se dejaron conquistar. “Todos somos iguales”, gritaban histéricas, semidesnudas y llevando pantalones puestos. “Evita es la abanderada de los descamisados”, aullaban las perras subversivas, mientras conquistaban  a sus pretendientes no a través del encanto femenino sino con la promesa de sexo rápido y expeditivo. Fue la ambición de poder de los gobiernos de la democracia liberal la que provocó el ingreso de la mujer a la vida pública y nosotros debemos pagar el alto precio del desgarramiento de la familia y la falsa libertad en contraposición a la sana naturaleza. ¿Debemos acaso quejarnos si comienza a llover fuego?
Pero hay motivos escondidos y más siniestros en esta apertura del campo público a la mujer. Ellas son las encargadas de la reproducción de las nuevas generaciones de hombres y mujeres. Es ése su rol en la historia. Su misión encomendada por la naturaleza, es decir, por Dios. Ahora bien, ¿cómo serán capaces de cumplir su misión en la historia, su mandato providencial y divino, si es que están confundidas y fantasean con cometer el papel del hombre? Lo que pretenden los subversivos no es sólo la impune posesión del poder político, sino también la pronta desaparición de la especie humana. Si las mujeres siguen cumpliendo el rol del hombre, no habrá organismo engendrador y todo se habrá perdido. ¿Por qué tendrán un objetivo tan siniestro como aquél? El presente informe no se encarga investigar esto.
Debemos corregir a díscolas como ésta
Nuestro objetivo al encarar esta empresa debe interpretarse no sólo como un mero estudio de campo, sino también como una santa cruzada a la que deben encomendarse todos los hombres probos que lean el presente trabajo. Debemos impedir la desaparición de la especie humana a través del reencausamiento de la mujer a su naturaleza. Sólo mediante esto, podremos llevar la victoria de Dios sobre Lucifer al plano de la factibilidad empírica, salvando a la especie y terminando, de una vez y para siempre, con las ambiciones libertinas y voluptuosas del gobierno subversivo. Por supuesto, la empresa no es sencilla y por ello dividiremos la exposición en diferentes tópicos. En primer lugar, definiremos nuestro objeto de estudio: la mujer subversiva. Con ello, daremos muestras de conocimiento sobre la provocadora actitud que le han uncido, convirtiéndola en un animal degenerado y pecador, portador del germen del infierno, lascivo, pervertido, sodomita e ignorante de su rol natural en la sociedad como vientre. En segundo lugar, recomendaremos un plan de acción para convencer a la mujer subversiva de que su enfermiza actitud debe desviarse hacia el plan de la naturaleza. He aquí la oportunidad del lector de desempeñar un papel activo y útil para la sociedad convirtiéndose, de manera clara y distinta, en un héroe. La gloria está a vuestros pies.  Finalmente, daremos una serie de observaciones sobre la propaganda invertida y recomendaciones para evitar que la mujer vuelva a caer en el abismo de la subversión y el pecado. Este punto es fundamental porque tiene implicancias no a presente sino a futuro en nuestra relación con sexo débil –tanto física como intelectualmente-, determinando  un plan de acción a largo plazo que acabe, finalmente, con la corrupción y el deseo.

1 comentario:

Javier dijo...

Los hombres de bien –padres, esposos, hermanos, cualquiera que responda por la irracionalidad de la mujer- debemos conducir a las mujeres al camino hacia el abrazo de Dios. En caso contrario, pagaremos el pecado de la complicidad con la herejía en el Tribunal Celestial. No debemos permitir que un grupo de subversivos, asesinos del status quo, degenerados, voluptuosos, libertinos y ponebombas nos obliguen a pagar esos pecados mientras corrompen y sacian sus deseos con nuestras mujeres.

jajaja, que podri.