¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!

Aclaración:

El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.

4 may. 2011

El sueño y la mujer subversiva (primera parte)

Un terrible sueño me hizo despertar a altas horas de la noche. Difícil sería recrear las lisérgicas imágenes que irrumpieron en mi mente en aquellos momentos en los que la vigilia descansaba. Sin embargo, lo intentaré:

En mi sueño despertaba en una cama de Hospital. Comencé entonces a preguntarme qué era lo que hacía allí. Luego pregunté lo mismo en voz alta. Nadie respondió a mi pregunta, pues nadie había allí junto a mí. Pronto me di cuenta que las sábanas que me arropaban eran pesadas como el plomo y no podía moverlas para levantarme. La desesperación invadió mi alma y quise llorar ante la imposibilidad de moverme, siquiera de saber que allí, debajo de esas pesadas sábanas, se encontraba el resto de mi cuerpo.
Como ésta, pero sin ropa estaba el demonio
- Se ve desesperado – observó una voz que escuché junto a mí -, ¿desea que le dé un té?
Giré mi cabeza a la izquierda y vi a una mujer desnuda. Su cuerpo era escultural, pero estaba maltratado. Observaba moretones en sus piernas, estomago, pechos y brazos. No podía verle la cara, puesto que una bolsa se la tapaba.
- ¿Quién es usted? – le pregunté.
- ¿No me reconoce? – respondió – Soy el demonio.
Me quedé paralizado. Estaba ante el demonio. El mismísimo demonio me había ofrecido una taza de té y no podía moverme para golpearla y huir a mi libertad. A pesar de no poder verle el rostro, supuse que quería iniciar una conversación y, para no enojarla, decidí hacerle el favor:
- ¿Dónde estamos?

¡Cómo han sido capaces!
- En el Hotel Sheraton – respondió con malicia mi demoníaca compañera.
- Pero este es un hospital.
- Sí, así es. Es un hospital de niños.
¡Malvados! Destruyeron al Hotel Sheraton para construir allí un hospital de niños. ¿Acaso no se dan cuenta de la inutilidad de un hospital de niños? Los  niños que enferman son débiles. Merecen, por tanto, morir. A pesar de ello, no quería enfadar a la harpía que tenía al lado mío y proseguí con calma la conversación:
- Eso es muy interesante. Ahora bien, ¿qué utilidad tiene un hospital de niños?
- Sencilla, compañero – respondió con liviandad -. No tiene ninguna.
- Eso me lo suponía. ¿Y por qué es que construyeron un hospital de niños en el Hotel Sheraton, entonces, siendo que no tiene ninguna utilidad?
- Porque somos unos inútiles. No sabemos gobernar. Por eso el país es una anarquía. Ojalá nos hubieran matado cuando tuvieron la oportunidad. Sin embargo, no lo han hecho y aquí estamos, en un hospital sin utilidad práctica y pragmática.
La ira irrumpió en mi pecho y quise saltarle a mi compañera para ahorcarla. Ha provocado la destrucción de la patria. Sin embargo, conservando mi imagen estoica, continué haciendo preguntas:
- Y dígame, ¿qué pasó con la Selección Argentina?
- ¿Perdón? No conozco a qué se refiere
- Ya sabe, el equipo nacional: Fillol al arco. Pasarella, allá, como cacique en la defensa. Gallego como volante tapón. Houseman haciendo diagonales. Kempes como gran figura.
- No tengo idea de lo que me está diciendo. Aquí no hay nada que podamos señalar como nacional. Estamos todos sujetos al internacionalismo comunista.
¡Increíble! ¡La cosa se hacía cada vez peor a medida que avanzaba la conversación!
- ¿Me está diciendo que no existe algo que podamos llamar <<nacional>>? ¿El gaucho, las empanadas, el estanciero? – traté de adivinar.
- No sé qué es todo eso que me está enumerando. Yo le digo que en este territorio sólo hay internacionalismo. Sólo hay banderas rojas al viento. No sé qué son todas esas cosas.
- ¿Y qué pasó con la Iglesia? – indagué.
- ¿La qué? ¿Iglesia? – ella río malignamente – ¡No sabemos de esa estúpida cosa en años! Dios no existe y somos libres de hacer lo que queramos. Desde quemar monumentos públicos, como el de Ramón Falcón, hasta tener relaciones sexuales en público.
- ¡Eso es imposible!
- ¡Sí! – la mujer con la bolsa en la cabeza estaba excitada – De hecho, tenemos relaciones con personas enfermas y discapacitadas. ¿No quiere usted probar un poco de mí?
- ¡Aléjese, demonio! – me rehusé.
Pero era demasiado tarde. Ella me había sacado las pesadas sábanas como si fueran de liviana seda. Yo me encontraba desnudo de la cintura hacia abajo y mi miembro se encontraba erecto.
- ¡Abajo, abajo! – le gritaba a mi pene para que se escondiera. Sin embargo, la malvada mujer entendió que me refería a ella y se levantó la bolsa para poder utilizar su boca. Comenzó a succionar de mi miembro a la par de mis gritos de miedo y desesperación.

Entonces me desperté.

A la mañana siguiente, me senté en la mesa con Luque para tomar unos mates.
- Alexei, amigo mío, ¿has dormido bien? Te ves un poco enfermo.
- He tenido pesadillas. Luque, ¿podrías interpretar mi sueño? Ya que has cursado los primeros años de la carrera de psicología y no puedo confiar en la confidencialidad de un psicólogo profesional, te lo pido a ti, amigo mío.
- Adelante, comienza a hablar.
Le narré a Luque todo mi sueño, las imágenes, el demonio, la escena sexual, todo. Luego de eso, comenzó él a hablar:
- ¿Has dicho que tu pene estaba erecto, a pesar que no lo deseabas así?
- Exacto.
- ¿Y que el demonio era una subversiva atea y comunista que se burlaba de las santas corporaciones de la patria?
- Sí.
- Es muy sencillo: esa mujer te excitó.
- ¡Eso es imposible! – me quejé - ¡No seas ridículo!
- No lo estoy siendo, Alexei. A ti te excitó. De lo contrario, tu miembro viril no estaría levantado sino escondido entre tus piernas.
- Pero…
- ¡No lo niegues! – me retó – ¿Hace cuánto que no tiene contacto sexual?
- Comprendo – se generó un silencio incómodo.
- ¿Piensas que la ausencia de una fémina en mi vida ha provocado este sueño extraño?
- ¿Qué crees tú?
- Creo que sí. Después de todo, no tengo sexo desde hace un par de meses largos.
- Pero hay algo más. No te imaginaste a Claudia haciendo el amor contigo sino a una subversiva...y contra tu voluntad ¿No crees que signifique eso algo?
- Es posible. ¿Pero, qué?
- Desde mis años de experiencia psicoanalizando gente – me miró con ironía y lanzamos una carcajada -. ¡Ah! ¡Qué gracioso! Como decía: desde mi punto de vista creo que lo que sucede es que las subversivas te excitan.
- ¡Estás delirando, Luque! – me enfadé.
- ¡Nada de eso, Alexei! ¡Deja de mentirte y comprende lo que está sucediendo! ¡Las subversivas te excitan!
Parecía mentira, pero ahora que lo pienso...