¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!

Aclaración:

El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.
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4 may 2011

El sueño y la mujer subversiva (primera parte)

Un terrible sueño me hizo despertar a altas horas de la noche. Difícil sería recrear las lisérgicas imágenes que irrumpieron en mi mente en aquellos momentos en los que la vigilia descansaba. Sin embargo, lo intentaré:

En mi sueño despertaba en una cama de Hospital. Comencé entonces a preguntarme qué era lo que hacía allí. Luego pregunté lo mismo en voz alta. Nadie respondió a mi pregunta, pues nadie había allí junto a mí. Pronto me di cuenta que las sábanas que me arropaban eran pesadas como el plomo y no podía moverlas para levantarme. La desesperación invadió mi alma y quise llorar ante la imposibilidad de moverme, siquiera de saber que allí, debajo de esas pesadas sábanas, se encontraba el resto de mi cuerpo.

15 abr 2011

Acerca de la condena a Patti. El reencuentro con Claudia Casabianca

Fui a un bar después de mucho tiempo. No recuerdo cuál fue exactamente la última vez, pero supongo que fue aquella con Luque y Bertoni, antes de ser trasladado a la Casita de la calle Sourdeaux. Situaciones interesantes han pasado desde entonces y continuarán pasando. Pero mi visita a un bar, en esta ocasión, no habría parecido tener un trasfondo político. Me encontraría nuevamente con Claudia Casabianca, mi amada inmortal.

8 mar 2011

Reflexiones sobre el día de la mujer y una pequeña anécdota de regalo.

A mí que no me vengan con las obreras reprimidas en Chicago haya lejos y hace tiempo. Aquel día no se hizo otra cosa que justicia. Aquellas obreras eran subversivas que querían alterar la estructura productiva – como obreras marxistas y ponebombas que eran – y, quizás más enfermizo y repugnante, el orden moral y cultural de nuestra sociedad occidental y cristiana. Por esos motivos no merecen otra cosa que la difamación y el olvido de la sociedad toda.
Por el contrario al sentido común – lo que no demuestra otra cosa la corrupción moral de la sociedad –, el día en el que aquellas subversivas, prostitutas vendiendo su fuerza de trabajo y no su cuerpo – ¡cómo si eso lo hiciera menos terrible a su pecado! -, fueron reprimidas con justicia por hombres lúcidos es recordado con cierto reproche hacia el sexo dominante. Aquellas díscolas, prostitutas de cuarta, fueron entonces injustamente convertidas en mártires y banderas feministas – corriente filosófica y política contraria a los santos preceptos de la Iglesia y, por lo tanto, subversiva y ponebombas -. ¡Y qué más se puede esperar de un mundo enfermizo donde gobiernan los incapaces lenguaraces y los progresistas! ¡Progresismo! ¡Qué es lo que quieren demostrar! ¡Que su lugar no es la cocina y la cama! ¡Que su rol es otro y su útero está allí por defecto de la naturaleza! ¡Qué acaso no se dan cuenta que la naturaleza es lo más sabio y por ésa razón! ¿O es simple coincidencia que los negros sean más resistentes al trabajo físico? ¿Es acaso también coincidencia, entonces, que las mujeres tengan útero y sean ellas las que mantengan en sus vientres a las generaciones futuras? ¡La naturaleza es sabia, señoras y señoritas! ¡Por eso el hombre es fuerte y la mujer tiene que estar en la casa, para atenderlo y procrear!

22 feb 2011

Ingreso a la clandestinidad (tercera parte)

A la mañana siguiente, luego de haberme despertado y desayunar, me puse a observar atentamente el rostro de Claudia. Quizás aquel día sería el último en el que su bello rostro iluminara mis mañanas y me diera fuerzas para continuar luchando en este país. Nunca se lo había dicho, quizás por pudor, pero realmente estimaba mucho su silenciosa compañía. Ya nada sería igual. ¡Oh! ¡Si es que estos déspotas montoneros no estuvieran gobernando nuestro suelo no habría razón existente para separarnos! ¡No se dan una idea de cuánto los odio!
Sumido en mis reflexiones, recordando lo que me había comunicado Menotti el día anterior, comencé a hablar:
- Hoy nos vamos de esta casa para no volver nunca más. Tú te quedarás con tus padres en Pilar y te olvidarás que alguna vez me conociste. Quiero que sigas con tu vida, que formes una familia. No voy a desear otra cosa para con vos. No quiero que vivas del pasado. Yo, por otro lado, cortaré los lazos con todo lo que me arraiga a este Mundo tan horrible, injusto y vengativo; y entraré en la clandestinidad a luchar junto a los compañeros del E.C.N.

18 feb 2011

Ingreso a la clandestinidad (segunda parte)

Al cabo de un tiempo volvió mi novia a la casa. El perro, al verme, comenzó a mover la cola con una gran alegría. Ella se acercó para darme un beso y se detuvo al percibir mi turbación.
- ¿Pasó algo mientras yo no estaba, Alexei? – me preguntó.
Comencé a explicarle con lujo de detalles lo que había sucedido poco tiempo antes de que ella hubiera vuelto. La visita de Houseman, la carta de Menotti, todo. A pesar de su habitual optimismo, mi novia, Claudia Casabianca (su nombre, en realidad, no es este; pero decidí llamarla así para evitarle un mayor peligro del que está, ya de por sí, corriendo), se encontraba bastante alterada ante la noticia que le hube dado. Nuestros ojos se encontraron y ella rompió a llorar. Entonces comprendí que me amaba profundamente y su amor era bien correspondido.
- Vayámonos de aquí – sugirió -. Mi familia tiene una quinta en Pilar. Allí podríamos hacer una nueva vida. Rentar esta casa y vivir del alquiler de propiedades. Podemos ser felices, en el country. Tener hijos, muchos hijos. El perro tendría más espacio para correr y jugar, ahora que tiene la patita curada. Sé feliz conmigo. ¿Qué me dices, amor?
- No es una mala idea, Claudia. Y créeme, no hay cosa que me haría más feliz en el Mundo que vivir contigo en un barrio privado en Pilar, lejos de toda la crueldad y la violencia estatal; tener de vecinos a las personas más buenas y respetables del Mundo, o al menos del país; criar a mis hijos para que respeten los valores nacionales como el himno, el poncho y la escarapela; ser, en definitiva, un ciudadano promedio de buena cuna. Sin embargo –continué -, hacer eso implicaría fallarle al colectivo de la organización. Implicaría abandonarla, ser un cobarde. Es por ello que no pue…