Fui a un bar después de mucho tiempo. No recuerdo cuál fue exactamente la última vez, pero supongo que fue aquella con Luque y Bertoni, antes de ser trasladado a la Casita de la calle Sourdeaux. Situaciones interesantes han pasado desde entonces y continuarán pasando. Pero mi visita a un bar, en esta ocasión, no habría parecido tener un trasfondo político. Me encontraría nuevamente con Claudia Casabianca, mi amada inmortal.
¡¡¡LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA HUMANOS DERECHOS!!!
Aclaración:
El presente testimonio se presenta a los lectores como una crónica. Por este motivo, se debe leer de atrás (el principio) hacia adelante (desarrollo y final); en otras palabras, de lo más viejo a lo más reciente. En cualquier caso y dadas las circunstancias, de no disponer de mucho tiempo, me tomé la molestia de etiquetar algunos hechos o personajes para entrar en contexto. Dicho todo esto, a iluminarse con la verdad de mi testimonio.
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