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Él tiene un plan divino |
El objeto de estas reflexiones es claro: la
salvación de la mujer subversiva que, como ángel caído, se proyecta
cándidamente hacia el infierno. Es inexorable y necesario el castigo de Dios
hacia quienes alimentan el pecado original. Él, en su mismidad y perfección, es
capaz de perdonar los errores de juicio,
mas no a las almas viciadas por la
corruptela del intimismo apartado de las instituciones naturales que Él nos ha
conferido a la comunidad toda. No puede perdonar la nadización que ellas hacen
sobre las virtudes de aquél. Pero no sólo eso; Dios condenará al hombre genérico por su pasividad frente a la
desviación de su rebaño a la senda de las corporalidad. Este camino emprendido
por los subversivos pastores no es otra
cosa que la elección de una aparente libre moral. De acuerdo a ellos, todos
somos libres de elegir nuestro proyecto
de vida teniendo una única garantía: la vida terminará en algún momento.
Ahora bien, este pobre esquema de pensamiento ignora que es Dios, en su eterna
virtud, quien creó al hombre a una semejanza antitética con aquél y, por lo
tanto, nuestras decisiones y nuestros juicios morales no se guían por la libertad subjetiva de un
individuo desamparado sino en el plan que Él encomendó. Nuestra libertad está
atada a la obediencia de los a priori
morales que le impuso al sujeto trascendental. Es por esa razón que subversivos
como el comunista Juan Pablo Sartre se equivocaron al afirmar que “la existencia
precede a la esencia”. Dios, que es la esencia perfecta, que existe desde antes
del tiempo mismo, creó nuestra esencia
como hombres a su imagen y semejanza antes siquiera que nuestras almas quedasen encerradas en la
cárcel del cuerpo y, por lo tanto, existieran en la mundanidad de la manera en
que aquellos describen. Esos discursos existencialistas no hacen sino negar la
armonía del mundo y lo hacen jugando con la naturaleza pasional de las mujeres. Ellas, al no proyectar
fenómenos ininteligibles debido a su naturaleza subjetiva (ego sentiô), desconocen el plan armónico y el lugar que les fue
asignado desde siempre.
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El subversivo Sartre confundiendo a una mujer |
Entonces es tarea del hombre de bien, aquel que
ve clara y distintamente los preceptos divinos, los imperativos que nuestro
señor ha enunciado en tablas de piedra para que los encuentre Moisés camino a
Tierra Santa, el que debe conducir nuevamente a la mujer hacia la sendero de la
rectitud, pues ella no puede hacerlo sola. La dignidad del hombre se fundamenta
en el acto de fe y así como Abraham fue enviado por un ángel a sacrificar a su
hijo para demostrar su fe como el valor esencial que debe guiar todas nuestras
decisiones, los hombres comunes también debemos probar nuestra fe rescatando a las mujeres del pecado, siendo
sus perros lazarillos hacia el abrazo
divino.
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El subversivo Nietzsche y su amigo
confundiendo a una mujer |
El enemigo tiene muchos rostros. Está en todos aquellos que
desvían a los ilusos de la senda de la rectitud. Está en las profanaciones a
santuarios. Está en la difamación dirigida
al vicarius Christi. El enemigo, si
bien reconocemos que es producto de Dios como todo lo que existe y en esencia
es-en-el-mundo, tiene un papel definido: dificultar la labor de los servidores del señor. Haciéndolo, el
enemigo también cumple la labor que Dios le encomendó hacer. Pero su destino es
claro: el exterminio. Nosotros, que reconocemos que Dios está de nuestro lado
porque nuestras acciones nos llevan a él, debemos destruir al enemigo. El enemigo
tiene un nombre categórico: subversión. Ésta es la negación de la afirmación del mundo y la
trascendencia. El subversivo es, en esencia, nihilista; puesto afirma la muerte de Dios. Ésta, a la
que entendemos como libertad contingente
de los hombres sin ataduras morales, es la negación de la verdadera realidad, a
saber: aquella donde la perfección, que es unidad, concreción y existencia, es
evidencia axiomática. Y esa realidad es más
real que el reino de la doxa
que aquéllos afirman como la única realidad. Afirmar que Dios es nada, siendo la nada ausencia y Dios,
presencia absoluta; es caer en un nihilismo pecaminoso promovido por el
paganismo de los íconos de la cultura popular moderna. Nietzsche, al negar la
verdadera realidad y la verdadera vida que se funda en la devoción a Dios como valor real, fue un gran nihilista… y un gran subversivo.
Primera afirmación: la mujer es conducida al
pecado por su naturaleza privada de razón mas no de sentimiento (ego sentiô). Segunda afirmación: es la
subversión la que conduce a la mujer al pecado mecanizando la naturaleza de
aquélla en pos de fines contrarios a Dios. Tercera afirmación: el hombre de
bien debe reencauzar a la mujer a su lugar en la armonía del mundo. Cuarta afirmación: dicho lugar es
la esfera privada de la familia. La pregunta ahora es cómo hacerlo y la respuesta no es sencilla.
Una primera aproximación a lo que se pretende
puede interpretarse que sea la retórica. Ésta, se sabe, es el arte del discurso
siendo éste (siguiendo a Platón en Fedro)
la manera en la que se puede conocer y dialogar con el alma de los hombres. La retórica
es un arte que sirve al convencimiento de ideas ya que se dirige al
conocimiento y entendimiento del alma. Sin embargo, la retórica, entendiéndola
de esta manera, no sirve como herramienta para nuestros fines y la razón es
evidente: las mujeres no tienen alma. Al ser entes ausentes de ésta, aquélla no
puede jugar el rol que sí jugaría con los hombres. El diálogo por el
convencimiento resulta entonces inútil y la única alternativa es el ejercicio
de la violencia.
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Skinner nos da la solución |
La mujer, si bien es un ente que vive del
cuerpo y para el cuerpo, tiene un cuerpo débil. Fácilmente puede ser inducida
hacia el camino de la rectitud a través
del correctivo físico. Al no gozar de vida interior, su comportamiento se funda
en unidades de estímulo-respuesta. Si
agregamos a esta díada un tercer componente, la operante, transformando la
unidad de análisis en una triada, la mujer llevará adelante las órdenes que su protector le haya
dado de forma inmediata y óptima. Ésta es la única manera de salvar a la mujer
del camino al infierno, salvando a la humanidad toda.
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